Las tarjetas de crédito más extendidas en el mercado, es decir la Visa y la Mastercard, son emitidas, en exclusividad, por las entidades financieras, ya que las propias empresas no emiten, son solo métodos de pago, por lo que es importante valorar la entidad que la está emitiendo.

En principio, cada banco es libre de aplicar las condiciones que considere conveniente al contrato que firma con el usuario de la tarjeta. Es decir, cada banco decide la comisión que cobrará, el tipo de interés que aplicará a tu crédito, y el mantenimiento que te exigirá.

Por ello es muy importante leer el contrato que se firma con detenimiento, y sin dejar nada atrás. Hay que poner especial atención a toda la letra pequeña, ya que es en ella en la que se suelen situar todas las excepciones que luego son las más perjudiciales para el usuario.

En el contrato debe de aparecer, claramente, el coste que supone tener la tarjeta de crédito, el coste de mantenimiento anual y, por supuesto, el tipo de interés que se aplicará en todos los supuestos. Es esencial no firmar nada hasta no tener todo claro, y en caso de duda es conveniente preguntárselo al banco que está emitiendo la tarjeta.

Las diferencias entre bancos se centran, por lo general, en tres cuestiones básicas:

  • Coste de emisión: Lo que se cobra al cliente a la hora de emitir la tarjeta. Muchos bancos la emiten de manera gratuita, para asegurarse así de que éste contratará la tarjeta.

  • Coste de mantenimiento: Se suele cargar en anualidades, generalmente al principio del año. Es importante porque puede haber amplias variaciones entre unos bancos y otros.

  • Tipo de interés: Se trata del tipo de interés que se aplicará a los aplazamientos de pago y a los descubiertos. Aquí se centra la principal variación de unos bancos a otros, por lo que es muy importante prestar atención a este punto.

  • Beneficios que ofrecen. Algunas tarjetas están asociadas a programas de puntos que te premian por el gasto que realices con la tarjeta.